Parcela Los Mangos: Experiencia Agroecológica en El Salvador

REDES

Entre los municipios de Chiltuipán y Tamanique, al sur de departamento de La Libertad, se encuentra la parcela “Los mangos”, propiedad colectiva de 1,630 manzanas que conforman la Cooperativa San Isidro, parte de la Federación de Cooperativas de la Reforma Agraria de la Región Central (FECORACEN).

Ana Lilian Martínez y José Antonio Echeverría llevan ocho años apostando a la producción agroecológica en la parcela “Los Mangos”.
Esta pareja, con más de 40 años de estar juntos, decidieron cambiar su modo de vida y pasar de cultivar con agrotóxicos a producir de manera agroecológica en armonía con el medio ambiente.

La agroecología es un modo de vida que recupera la conexión con los conocimientos ancestrales, en armonía con el medio ambiente a través de la utilización de abonos orgánicos, semillas nativas, diversificación en la producción y utilizando adecuadamente el agua.

Además, fomenta el rescata de los mercados locales como modelo económico de una economía social y solidaria.

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Sin embargo, este cambio no fue fácil, Ana Lilian contó que al inicio parecía una misión imposible, pero con trabajo, esfuerzo y determinación probaron que una nueva agricultura, en armonía con el medio ambiente y libre de agrotóxicos es posible. Y hoy es una realidad.

José Antonio relató que cuando llegó no había ningún árbol y el suelo estaba erosionado, además, explicó que desde los 14 años sólo sembraba frijol y maíz, pero al llegar a la edad de 40 su vida cambió, cuando su esposa en el 2005 se organizó en el Comité de Salud Materno Infantil, impulsado por el Arzobispado, ahí les brindaron semillas con el objetivo de incentivar a la creación de huertos colectivos.

“No conocía los repollos, las semillas de cebolla y otros, porque esta estaba acostumbrado al maíz y frijol, pero nos fue pareciendo que todo era necesario en el hogar y así fuimos sembrando la pequeña parcelita de 6 metros cuadrados”, recordó José Antonio.

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En la actualidad esta parcela cuenta con más de 100 variedades de productos sin pesticidas, fungicidas, herbicidas y fertilizantes químicos. La producción consta de plantas ornamentales, medicinales, hortalizas y vegetales como: chipilín, tomates, pepino, chile, cebolla, especies aromáticas; posteriormente se cosechó árboles frutales como: jocotes mangos y aguacate.

Al ser una zona de difícil acceso, “ir a comprar cosas, cuando no teníamos, como chiles o tomates se nos dificultaba, pero ahora consumimos nuestros propios productos”, contó Ana Lilia. Asimismo, aseguró que una de las más grandes ventajas de producir sus alimentos es que saben que lo que comen son alimentos sanos, nutritivos y libres de agrotóxicos.

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Durante los últimos años la familia ha comercializado sus productos en mercados locales, lo que les permite aumentar sus ingresos e invertir en el cuido de su tierra. Incluso, ahora posee la capacidad de emplear a otras personas por jornadas, especialmente en el invierno, cuando hay más producción y trabajo, lo que les permite dejar de depender de la dinámica de la económica dominante.

“Algunos compañeros socios de la cooperativa, ya empiezan a sembrar diferentes cultivos, pero otros no, lo ven muy trabajoso o difícil. Pero si no se comienza no se van a ver resultados, porque al principio no es rentable, pero lo que yo buscaba era tener que comer, no hacer dinero”, afirmó José Antonio.

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En la parcela se trabajan al menos 34 prácticas agroecológicas, entre las destacan: la preparación profunda del suelo, uso de la composta, uso de los semilleros, siembra directa, asociación y rotación de cultivos, uso de semillas criollas o polinización.

“Muchos campesinos de mi zona me dicen que no hay trabajo, pero a mí me sobra, porque en la época que no hay cosecha, yo elaboro el abono y asequias, lo que no se puede hacer en verano”, manifestó el agricultor.

Adalberto Blanco, técnico de FECORACEN señaló la importancia de priorizar, apoyar y sensibilizar las experiencias exitosas de agroecología y recordar que estas prácticas no son nuevas, sino que se habían perdido a través del tiempo, pero estas son las que garantizan la producción de una forma sostenible, orgánica y resistente al cambio climático.

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Además, recordó la necesidad de aprobar la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional para garantizar el derecho a la alimentación adecuada a todas las personas y alcanzar la soberanía alimentaria, es decir lograr alimentos sanos y nutritivos, a través de una producción agroecológica y una comercialización justa, logrando un mayor acceso de las y los campesinos al agua, semillas y tierra.

La experiencia que se da en la parcela “Los Mangos” es un ejemplo que otra agricultura es posible y fue compartida por varios medios de comunicación, a través de la gestión de una visita con periodistas, realizada por Fundación REDES y FECORACEN, organizaciones que forman parte de la Mesa por la Soberanía Alimentaria (MSA), y con el financiamiento de Manos Unidas.

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